PRIMAVERA AMARILLA
Abril venía, lleno
todo de flores amarillas:
amarillo el arroyo,
amarillo el vallado, la colina,
el cementerio de los niños,
el huerto aquel, donde el amor vivía.
El sol ungía de amarillo el mundo,
con sus luces caídas;
¡ay, por los lirios áureos,
el agua de oro, tibia;
las amarillas mariposassobre las rosas amarillas!
Guirnaldas amarillas escalaban
los árboles; ¡el día
era una gracia perfumada de oro,
en un dorado despertar de vida!
Entre los huesos de los muertos
abría Dios sus manos amarillas.
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CONVALECENCIA
Sólo tú me acompañas, sol amigo.
Como un perro de luz, lames mi lecho blanco;
y yo pierdo mi mano por tu pelo de oro,
caída de cansancio.
¡Qué de cosas que fueron
se van… más lejos todavía!
Callo
y sonrío, igual que un niño,
dejándome lamer de ti, sol manso.
…De pronto, sol, te yergues,
fiel guardián de mi fracaso
y, en una algarabía ardiente y loca,
ladras a los fantasmas vanos
que, mudas sombras, me amenazan
desde el desierto del ocaso.
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Juan Ramón Jiménez, William Turner: dos colosos. Uno de la palabra, el otro de la pintura.
Juan Ramón pinta con palabras dos cuadros: uno maravilloso, de un mundo ideal, pletórico de alegría, todo amarillo, divinizado en un baño de oro. El otro, conmovedor; de luz de atardecer, donde la magia de la metáfora hace que el sol sea un "perro de luz" fiel y protector, que ahuyenta las sombras del dolor y la muerte con su inmenso poder. Ambas poesías son obras maestras, sobradas de belleza y maravilla; ambas pintan en nuestra alma un paisaje hondo, lleno de luz y de vida. Por eso me encanta el verso del poeta "era un dorado despertar de vida", tan exacta para estas sensaciones, al igual que se aplica muy bien a los amarillos cegadores que Turner gustaba tanto de poner en sus cuadros.
Este otro coloso, nos ofrece poesía en sus imágenes; poesía que se desliza desde esas vagas atmósferas coloristas y fugaces, profundamente evocadoras y densas de emoción, tras las que puede esconderse una hermosa realidad, una melodía que hiere de tanta belleza, un torbellino de gruesos sentimientos que zarandean el alma, o una queda palabra latiendo desde el recuerdo. Y tantas cosas más podría evocarnos... siempre frágiles y sutiles como la niebla, pero inmersas en la fuerza emocional del color unida al movimiento en unos casos, o a una temblorosa quietud en otros.
Y por más vueltas y vueltas que dé con mis palabras, intentando acercarme a la esencia de estas pinturas y poesías, no lo lograré nunca. Porque el arte es huidizo, inasible, evanescente, aunque se hunda en nosotros de un modo tan profundo y material como una huella en la arena.