
La flor que crece por encima de las nubes no se marchitará jamás. Y la canción cantada por los labios de las novias del alba no se desvanecerá jamás.
Khalil Gibran (Dichos espirituales)
Pintura de Jorge Apperley

La flor que crece por encima de las nubes no se marchitará jamás. Y la canción cantada por los labios de las novias del alba no se desvanecerá jamás.
Khalil Gibran (Dichos espirituales)
Pintura de Jorge Apperley

Ferdinand Hodler
Adolfo GuiardLA CASA DEL VIENTO
Tengo mi casa en el viento sin memoria
Tengo mi saber en los libros del viento
Como el mar tengo en el viento mi gloria
Como el viento tengo mi fin en el viento.
Lanza del Vasto
Santiago RusiñolASCENSIÓN DEL VIVIR
Aquí tú, aquí yo: aquí nosotros. Hemos subido despacio esa montaña.
¿Cansada estás, fatigada estás? "¡Oh, no!", y me sonríes. Y casi con dulzura.
Estoy oyendo tu agitada respiración y miro tus ojos.
Tú estás mirando el larguísimo paisaje profundo allá al fondo.
Todo él lo hemos recorrido. Oh, sí, no te asombres.
Era por la mañana cuando salimos. No nos despedía nadie. Salíamos furtivamente,
y hacía un hermoso sol allí por el valle.
El mediodía soleado, la fuente, la vasta llanura, los alcores, los médanos;
aquel barranco, como aquella espesura: las alambradas, los espinos,
las altas águilas vigorosas.
Y luego aquel puerto, la cañada suavísima, la siesta en el frescor sedeño.
¿Te acuerdas? Un día largo, larguísimo: a instantes dulces; a fatigosos pasos; con pie muy herido:
casi con alas.
Y ahora de pronto,, estamos. ¿Dónde? En lo alto de una montaña.
Todo ha sido ascender, hasta las quebradas, hasta los descensos, hasta aquel instante que yo dudé y rodé y quedé
con mis ojos abiertos, cara a un cielo que mis pupilas de vidrio no reflejaban.
Y todo ha sido subir, lentamente ascender, lentísimamente alcanzar,
casi sin darnos cuenta.
Y aquí estamos en lo alto de la montaña, con cabellos blancos y puros como la nieve.
Todo es serenidad en la cumbre. Sopla un viento sensible, desnudo de olor, transparente.
Y la silenciosa nieve que nos rodea
augustamente nos sostiene, mientras estrechamente abrazados
miramos al vasto paisaje desplegado, todo él ante nuestra vista.
Todo él iluminado por el permanente sol que aún alumbra nuestras cabezas.
Vicente Aleixandre










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Pinturas, de arriba a abajo, de: Dalí, Miguel Ángel, Leonardo da Vinci y Botticelli