Marinas envueltas en poesía.




Contra las rocas
caracolas marinas
hondos remansos.





Bajo la lluvia
brumas y soledades
sienten la luz.





Oyendo la mar
navega mi tristeza
entre corrientes





Sobre la mar
salpicando la noche
navega el alba.





Cierras los ojos
se apaga la belleza
dentro del tiempo

*

Pinturas de Fitz Hug Lane (1804-1865) http://en.wikipedia.org/wiki/Fitz_Henry_Lane
Haikus de Fernando Menéndezhttp://fernandomenendez.com/

Instrucciones básicas para la vida. Cortázar



INSTRUCCIONES PARA DAR CUERDA A UN RELOJ
Preámbulo
• Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.
Ahora si, las instrucciones
• Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.
¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.
***

INSTRUCCIONES PARA CANTAR
• Empiece por romper los espejos de su casa, deje caer los brazos, mire vagamente la pared, olvidese. Cante una sola nota, escuche por dentro. Si oye (pero esto ocurrirá mucho después) algo como un paisaje sumido en el miedo, con hogueras entre las piedras, con siluetas semidesnudas en cuclillas, creo que estará bien encaminado, y lo mismo si oye un río por donde bajan barcas pintadas de amarillo y negro, si oye un sabor pan, un tacto de dedos, una sombra de caballo. Después compre solfeos y un frac, y por favor no cante por la nariz y deje en paz a Schumann.
***
De "Instrucciones básicas para la vida" Julio Cortázar



Rodrigo C. Fuentes

La Piedad, Miguel Angel


La Piedad de Miguel Angel Buonarroti
(Google Imágenes)



















Fotografías en blanco y negro pertenecientes a Robert Hupka:

Robert Hupka fotografió durante una noche entera todos los ángulos posibles de La Piedad. Gracias a él podemos apreciar muchísimos más detalles de los que habitualmente vemos en una imagen frontal.

Cuando le preguntaron sobre su impresión de la Piedad, él respondió:
"Por primera vez en mi vida me he encontrado ante la verdadera grandeza"


***


Enamorada de esta escultura, desde que la vi por primera vez en un libro de arte, no podían faltar en mi blog unas palabras que mínimamente tradujeran el estado casi de veneración que siento hacia esta maravillosa obra.
Y no hablaría de adoración religiosa, aunque el tema cristiano es lo que la anima, sino de veneración estética; que no es menos, porque determinadas estéticas, como ésta, tocan la cima del arte y elevan al contemplador hacia un terreno inmaterial donde nuestra percepción toma tintes etéreos y espirituales.

No sé que es más hermoso en ella, si su forma física, en la que el mármol queda trascendido al convertirse casi en carne humana; la manera en que está expresada la idea religiosa, mediante un triángulo ascendente al que las figuras se acoplan, y que dota a toda la obra de una grandeza y serenidad soberbia; o la belleza, casi divina, de los rostros.

El rostro de esa jovencísima virgen es la imagen viva de la serenidad, de la aceptación y la asunción de un destino inevitable. Pero en él no hay resignación, sino sabiduría. Es el rostro de una diosa, frágil y pequeño, pero lleno de poder, capaz de contener entre sus brazos todo el sufrimiento; capaz de consolarlo tan sólo con una mirada. Esa mirada piadosa pero contenida de la mujer conlleva en sí tanto amor como inteligencia. Y esa mirada magnánima podemos extenderla también a la forma del gigantesco cuerpo, sólido y acogedor, desbordándose por los pliegues magistrales y generosos del vestido.

Pero el rostro de Jesucristo, con su cuerpo vencido, es igualmente sobrecogedor, pues en él está trazada la alegría triunfante y la serenidad que da saber que su muerte es un paso hacia la resurrección.
Sus manos muertas siguen vivas en la piedra, sus ojos cerrados siguen hablando... y mientras un hombre se acerque a la escultura, ellos seguirán contando su historia de dolor y gloria.

Manos, pies, perfiles, frentes, piernas, venas... Jamás el mármol se vistió de carne de esa manera; jamás comunicó la muerte y la vida, la ternura, la sabiduría y el amor, como en esta obra sublime.



***

Te puede interesar también:
La Sibyla; un rostro singular
http://vientodepaz.blogspot.com/2015/10/la-sibyla-un-rostro-singular.html

El estallido Kandinsky















"No hay nada sobre la tierra que se incline con tanta fuerza a la belleza y se embellezca con tanta sencillez como el alma...Por ello,
escasas son las almas que resisten en la tierra a otra alma entregada a la belleza."
Maeterlinck



Kandinsky dispara con su arte: dispara en nosotros resortes desconocidos; abre mundos fantásticos cuyas claves las pondremos nosotros.
Bebe del más profundo subconsciente con una fuerza casi furiosa. Derrama colores, sinfonías, historias... en un lenguaje inasible, pero que sin embargo, hace vibrar cuerdas nunca antes tocadas. Es lirismo traspasado de color, es un estallido, una fiesta, una lucha. Es un fuego de posibilidades.

Las geometrías ordenadas de muchas de sus pinturas ¿danzan en armonía sobre el vacío? ¿Son la cara vista de los números? ¿Se estará creando un planeta?, ¿o es diálogo de ángeles?; ¿Serán luces y formas ansiando penetrar en la mente de algún inventor, o tal vez fertilizar la inspiración de un músico? ¿Y si fuera el pensamiento en sueños de alguien que desea transformar el mundo?

El poder de sugerencia de este pintor es lo que más me fascina. También esa fuerza caótica que golpea con su belleza, inquieta, irresistible, ineludible como una avalancha.

El color, en manos de Kandinsky, está más vivo que en ningún otro pintor. Brilla y aturde.
Tras él hay tanto dinamismo que recuerda las fuerzas naturales explosionando: nacimientos, muertes, creación... tormentas, fuegos, resacas, torbellinos... Toda una marea de vida está mezclada en estos abstractos. Las formas imprecisas, a medio hacer, se arremolinan y estallan con la música de un coro infinito; una voz intensa que parece venir de otros mundos.

*

Aquí tenéis su biografía:


Añado este artículo sobre Kandinsky. Es muy bueno. Tanto el artículo como los comentarios:











"No hay nada sobre la tierra que se incline con tantafuerza a la belleza y se embellezca con tanta sencillez como el alma...Por ello,
escasas son las almas que resisten en la tierra a otra alma entregada a la belleza." Maeterlinck


Kandisky dispara con su arte: dispara en nosotros resortes desconocidos; abre mundos fantásticos cuyas claves las pondremos nosotros.
Bebe del más profundo subconsciente con una fuerza casi furiosa. Derrama colores, sinfonías, historias... en un lenguaje inasible, pero que sin embargo, hace vibrar cuerdas nunca antes tocadas, pues penetra profundamente en algo íntimo nuestro, que reconocemos. Es lirismo traspasado de color, es un estallido, una fiesta, una lucha. Es un fuego de posibilidades.

Las geometrías ordenadas de muchas de sus pinturas ¿Danzan? ¿Son los números del universo expresándose? ¿Se estará creando un planeta?, ¿o es dialogo de ángeles?; ¿Serán luces y formas ansiando penetrar en la mente de algún inventor, o tal vez fertilizar la inspiración de un músico? ¿Y si es el pensamiento en sueños de alguien que desea transformar el mundo?

El poder de sugerencia de este pintor es lo que más me fascina. También esa fuerza caótica, pero recubierta de una poderosa belleza, inquieta e irresistible.
El color, en manos de Kandisky está más vivo que en ningún otro pintor. Brilla, aturde.
Tras él hay tanto dinamismo que me recuerda las fuerzas naturales explosionando, nacimientos, muertes, creación... tormentas, fuegos, pasiones, torbellinos internos; toda una marea de vida está mezclada en estos abstractos. Las formas imprecisas, a medio hacer, se arremolinan y estallan en un coro infinito, una voz profunda que parece venir de otros mundos. El color, siempre, es su voz. Una voz clamorosa desde el silencio de la materia.

Antonio Machado. A un olmo seco

Fotografía de Juan T. A:
Blog: El aprendiz de fotógrafo (muy recomendable): http://otroojo.blogspot.com

A un olmo seco



Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo
algunas hojas verdes le han salido.

¡El olmo centenario en la colina
que lame el Duero! Un musgo amarillento
le mancha la corteza blanquecina
al tronco carcomido y polvoriento.

No será, cual los álamos cantores
que guardan el camino y la ribera,
habitado de pardos ruiseñores.

Ejército de hormigas en hilera
va trepando por él, y en sus entrañas
urden sus telas grises las arañas.

Antes que te derribe, olmo del Duero,
con su hacha el leñador, y el carpintero
te convierta en melena de campana,
lanza de carro o yugo de carreta;
antes que rojo en el hogar, mañana,
ardas en alguna mísera caseta,
al borde de un camino;
antes que te descuaje un torbellino
y tronche el soplo de las sierras blancas;
antes que el río hasta la mar te empuje
por valles y barrancas,
olmo, quiero anotar en mi cartera
la gracia de tu rama verdecida.
Mi corazón espera
también, hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.

Un día de playa en el. S. XIX. Grabados y acuarelas de Winslow Homer



Scarboro, Maine. Marea entrante


El mar. Ahora forma parte de nuestras vidas. Todos lo disfrutamos. Pero antiguamente, para mi sorpresa, la gente ¡no se bañaba jamás en el mar! Eso de tomar el sol para ponerse morenos habría sido visto como cosa de muy mal gusto, y bañarse, sólo los locos podían pensarlo, pues casi nadie sabía nadar; por tanto, el mar era, más que un placer, una amenaza. Bello, sí, pero desde lejos.
Pero con el nacimiento, en el siglo XIX de lo que ahora conocemos como turismo, la playa comenzó a ser fuente de esparcimiento y deleite. Los que podían se pagaban un viajecito a la costa; se hablaban maravillas de sus benefecios para la salud. En parte, el romanticismo contribuyó a acercar la majestuosidad y belleza natural a la gente que, hasta entonces, percibían la naturaleza sólo como objeto de uso.

El gran artista de finales del XIX y principios del XX, Winslow Homer, describe como nadie, en
sus grabados, la tibia placidez de un día de playa, y en sus pinturas, el poder y solemnidad del mar.



Cogiendo bayas


La hora de los niños


Dos son compañía


Marea baja


Niños en el puerto de Gloucester

***