Nocturno. José Asunción Silva.



Las fotografías pictóricas pertenecen a la artista murmele: http://murmele.deviantart.com/



Comparto con vosotros este poema, que a mí particularmente me encanta, del colombiano modernista José Asunción Silva. Toda la fuerza del poema reside en una imagen: la de la sombra. Sombras de los amantes enlazadas; sombras de los amantes rotas, separadas y la sombra solitaria que ha perdido su razón de ser. El ambiente nocturno y melancólico acentúan el lirismo de este tristísimo tema.
Estos versos parecen hechos para la melodía de otro romántico, Grieg: La muerte de Ase, de su famosa obra "Peer Gynt". Por eso aconsejo vivamente escucharla mientras se leen.





NOCTURNO


Una noche
una noche toda llena de murmullos, de perfumes y de música de alas;
una noche
en que ardían en la sombra nupcial y húmeda las luciérnagas fantásticas,
a mi lado lentamente, contra mí ceñida toda, muda y pálida,
como si un presentimiento de amarguras infinitas
hasta el más secreto fondo de las fibras te agitara,
por la senda que atraviesa la llanura florecida
caminabas;
y la luna llena
por los cielos azulosos, infinitos y profundos esparcía su luz blanca;
y tu sombra
fina y lángida,
y mi sombra,
por los rayos de la luna proyectadas;




sobre las arenas tristes
de la senda se juntaban;
y eran una,
y eran una sola sombra larga,
y eran una sola sombra larga,
y eran una sola sombra larga...


Esta noche
solo; el alma
llena de infinitas amarguras y agonías de tu muerte,
separado de ti misma por la sombra, por el tiempo y la distancia,
por el infinito negro
donde nuestra voz no alcanza,
mudo y solo
por la senda caminaba...
Y se oían los ladridos de los perros a la luna,
a la luna pálida,
y el chirrido
de las ranas...



Sentí frío. Era el frío que tenían en tu alcoba
tus mejillas y tus sienes y tus manos adoradas,
entre las blancuras níveas
de las mortuorias sábanas.
Era el frío del sepulcro, era el frío de la muerte,
era el frío de la nada...
Y mi sombra,
por los rayos de la luna proyectada,
iba sola,
iba sola,
iba sola por la estepa solitaria;
y tu sombra esbelta y ágil,
fina y lánguida,
como en esa noche tibia de la muerta primavera,
como en esa noche llena de murmullos, de perfumes y de músicas de alas,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella,
se acercó y marchó con ella...
¡Oh las sombras enlazadas!

¡Oh las sombras de los cuerpos que se juntan con las sombras de las almas!
¡Oh las sombras que se buscan en las noches de tristeza y de lágrimas!





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