Un día de playa en el. S. XIX. Grabados y acuarelas de Winslow Homer



Scarboro, Maine. Marea entrante


El mar. Ahora forma parte de nuestras vidas. Todos lo disfrutamos. Pero antiguamente, para mi sorpresa, la gente ¡no se bañaba jamás en el mar! Eso de tomar el sol para ponerse morenos habría sido visto como cosa de muy mal gusto, y bañarse, sólo los locos podían pensarlo, pues casi nadie sabía nadar; por tanto, el mar era, más que un placer, una amenaza. Bello, sí, pero desde lejos.
Pero con el nacimiento, en el siglo XIX de lo que ahora conocemos como turismo, la playa comenzó a ser fuente de esparcimiento y deleite. Los que podían se pagaban un viajecito a la costa; se hablaban maravillas de sus benefecios para la salud. En parte, el romanticismo contribuyó a acercar la majestuosidad y belleza natural a la gente que, hasta entonces, percibían la naturaleza sólo como objeto de uso.

El gran artista de finales del XIX y principios del XX, Winslow Homer, describe como nadie, en
sus grabados, la tibia placidez de un día de playa, y en sus pinturas, el poder y solemnidad del mar.



Cogiendo bayas


La hora de los niños


Dos son compañía


Marea baja


Niños en el puerto de Gloucester

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