

Me viene a la mente ese magnífico cuadro de Sorolla en el que varios niños desnudos juegan tumbados sobre la orilla, bañados por el agua y la radiante luz mediterránea. Modelados con suavidad infantil; refulgentes como pececillos que brincaran sobre el agua, resbaladizos, imparables y rosados. Es la belleza de los cuerpos recién hechos, insuflados de vitalidad y ternura.

Cuando contemplamos el cuerpo de los adolescentes, a medio camino entre la ignorante e ingenua curva y el incipiente ángulo desafiante, somos testigos de cómo se insinúa un gran plan. El dibujo todavía es dudoso e inacabado, pero el corazón que lo anima, sensible y vital, esconde idealismo, sueños, ansias. Los jóvenes adolescentes son como caballos salvajes y puros que van en manadas devorando horizontes.
El hombre en su plenitud, entre los veinte y cuarenta años, está en el mediodía de la vida.
Él es ya un mediodía inundado de sol. Su cuerpo ya ha llegado al máximo posible de su propia belleza. El músculo se ha terminado. La voluntad ha cobrado forma. Los huesos se han expandido ya en su misión de sostener la perfección física. La piel ha seguido, sumisa, la línea trazada en ella: ondularse en sedosas curvas de mujer o tensarse en los móviles ángulos de un hombre.
La vejez es el proceso de la muerte lenta de la idea. El esplendor físico se va yendo, despacio, muy despacio, dejando paso al trazado del pensamiento, que como resumen de toda una vida, se coloca en la mirada.
El rostro es la suprema obra de arte.
Hace tiempo leí una experiencia de contacto con seres de otras dimensiones: el ángel, o virgen, o lo que quiera que fuera, decía al humano algo así:
"No sabéis lo hermosos que os ponéis cuando amáis".












Fotografías de Tyler:_http://strongerthanyou.deviantart.com/

Alma
Sentimiento
Soledad
CreaciónBAJO TU CLARA SOMBRA
Un cuerpo, un cuerpo solo, sólo un cuerpo
un cuerpo como día derramado
y noche devorada;
la luz de unos cabellos
que no apaciguan nunca
la sombra de mi tacto;
una garganta, un vientre que amanece
como el mar que se enciende
cuando toca la frente de la aurora;
unos tobillos, puentes del verano;
unos muslos nocturnos que se hunden
en la música verde de la tarde;
un pecho que se alza
y arrasa las espumas;
un cuello, sólo un cuello,
unas manos tan sólo,
unas palabras lentas que descienden
como arena caída en otra arena….
Esto que se me escapa,
agua y delicia obscura,
mar naciendo o muriendo;
estos labios y dientes,
estos ojos hambrientos,
me desnudan de mí
y su furiosa gracia me levanta
hasta los quietos cielos
donde vibra el instante;
la cima de los besos,
la plenitud del mundo y de sus formas.
Octavio Paz
(Imagen tomada de Google Imágenes)
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