El placer de la conversación. Lin Yutang.

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La palabra conversar viene del latín, y está formada por el frefijo con (junto) y la palabra versare (girar, dar vueltas). Comparto con vosotros este fragmento del libro "El arte de vivir", de Lin Yutang, un libro ameno y encantador, donde el escritor se convierte en un estupendo amigo con el que aprendes a mirar las pequeñas cosas de la vida.

"Un placer tan supremo como el de una conversación perfecta con un amigo, de noche, es necesariamente raro, porque como lo ha señalado Li Liweng, los que son sabios rara vez saben hablar, y los que hablan rara vez son sabios. El descubrimiento de un hombre, en un templo empinado en la montaña, que comprenda realmente la vida y a la vez entienda el arte de la conversación, debe ser, por lo tanto, uno de los placeres más agudos, como el descubrimiento de un nuevo planeta por un astrónomo o de una nueva variedad de plantas por un botánico.
"Podemos hablar o discutir de negocios con casi todo el mundo, pero hay muy pocas personas con quienes podemos sostener verdaderamente una conversación nocturna. Por eso, cuando encontramos a un verdadero conversador, el placer es igual, si no superior, al de leer un delicioso autor, con el placer adicional de escuchar su voz y ver sus ademanes. A veces lo hallamos en la feliz reunión de viejos amigos, o entre relaciones que se dedican a sus reminiscencias, a veces en el salón de fumar de un tren nocturno, y a veces en una hostería durante un lejano viaje. Se charlará de duendes y de espíritus de zorros, junto con entretenidos relatos o apasionados comentarios sobre dictadores y traidores, y a veces, antes de advertirlo, un sabio observador y conversador hace luz sobre cosas que ocurren en determinado país y que son prolegómeno de su inminente caída o de un cambio de régimen. Tales conversaciones quedan entre los recuerdos que acariciamos durante toda la vida.
[]El surgimiento de la prosa griega ocurrió claramente en la misma clase de ambiente social descansado. La lucidez del pensamiento griego y la claridad del estilo griego de la prosa deben su existencia al arte de la conversación calmosa, como se revela tan claramente en el título mismo de los Diálogos de Platón: En El Banquete vemos un grupo de sabios griegos reclinados en el suelo que conversan alegremente en una atmósfera de vino y de frutas y hermosos donceles. Porque estos hombres habían cultivado el arte de hablar, su pensamiento fue tan lúcido y su estilo tan claro, dando un contraste tan refrescante con la pomposidad y la pedantería de los modernos escritores académicos. Estos griegos habían aprendido evidentemente a manejar con ligereza el tema de la filosofía. La encantadora atmósfera conversacional de los filósofos griegos, su deseo de hablar, el valor que atribuían a una buena charla y la elección de lugar para conversaciones se ven bellamente descritos en la introducción de Fedra. Esto nos da una visión interior del surgimiento de la prosa griega."

Lin Yutang, de "El arte de vivir". 
Realmente conversar, que no charlar, es un gran placer. Y de los más raros. Además de tiempo sobrado y un ambiente distendido, hace falta encontrar el compañero o compañeros adecuados. Los temas valen todos. No hay tema, por banal o aburrido que parezca, que no sea capaz de convertirse en atractivo y estimulante cuando un buen conversador lo toma. Conversar es hablar sobre la vida, analizarla en todos sus recovecos; improvisar y nutrirse de la frase lanzada por el compañero: asirla, ampliarla, matizarla, colorearla con nuevas frases que nos conducen por caminos nuevos a los dos. Hablar se convierte en un acto creativo maravillosos que ambos conversadores van modelando; un canto intelectual a dúo o a coro, según los participantes. A esto hay que sumarle la cálida alegría que proporciona compartir y crecer junto al otro en un instante irrepetible de complicidad. 

Algunos de los ingredientes que, a mi juicio, son necesarios para una buena conversación son:
Mucha curiosidad, empatía entre los participantes, una chispa de inspiración para hacer más hábil la lengua y el intelecto (lo que los antiguos llamaban oratoria), intimidad, buen humor, capacidad de sorpresa, un saber dejarse fluir por los ríos de las ideas y ver, con maravilla, hacia dónde nos llevan; un sentido agudo de la observación y una gran dosis de humanismo.
Mezclados entre sí, con la cuchara mágica del instante, puede nacer una sublime y deliciosa conversación. Entonces viajaremos por el gran mundo de las ideas junto a alguien. Y ese "alguien" estará ahora más unido a nosotros por los lazos sutiles del lenguaje, la comunión y la belleza de la inteligencia.