Amarillos de Vang Gogh












Los colores cálidos de Vang Gogh, especialmente el amarillo, no son colores, son clamores. El trigo clama su alegría a todos los vientos; los objetos claman su presencia contundente y vigorosa de testigos silenciosos; las flores no se están quietas en sus floreros de tanto fuego que les arde; las estrellas del sombrío cielo duermen con sus ojos extasiados en su propia llama amarilla; los zapatos descansan de su intenso viaje por la vida y reflexionan sobre su cansancio, con la agotada piel reflejando oro.

Todas estas gradaciones del amarillo nos hablan de un pintor franco y emotivo que quisiera pintar todo el mundo de entusiasmo. Cuadro tras cuadro, nos ofrece un redoble de luces en los que el impulso vital de las cosas clama su canción apasionada entre trazo y trazo de pincel.




Un río inagotable...



Un río inagotable viaja en su pequeña alegría,
en su canción de agua el tintineo de besos y sueños,
pequeñas luces de futuros caminos bordados por soles de estío,
llenos del mismo vértigo y ansia entre los trigos
y en el pecho abierto la misma promesa escrita de inmensos azules:
-Oh, dime que vivirás hasta sus últimas consecuencias…


Un río inagotable y sagrado viaja entre el rumor del silencio.
Tanto que ya no importan las viejas heridas,
las que no se cierran nunca en su herrumbre de cárcel,
pues el hombre se salva en el hombre.


Poema y fotografías: Juan Bautista Morán
De la serie: La Fragua de lo vivo


Visita su web: Canto de espumas




Un paseo por la niebla. Erik Satie/ Michael Nyman



De la oscuridad a la luz; de la niebla al color.
Del piano melancólico de Erik Satie a los luminosos violines de Michael Nyman.









Mujer desnuda. Dibujo a Lápiz de Eduardo Naranjo


ESPEJOS.



Te recreas


colgando en tus adentros


hielo en los hilos


de la telaraña.


Hologramas grisáceos, negros


con figura de guadaña


quietos en los espejos.


Y a golpes de aldaba


el silencio dibuja


espectros de cera,


presagios, que comparten


tu almohada.


.......................................


Despierta, despierta ya


de la apariencia muerta,


que paraliza tu estancia...!!


Deja que las manos del viento


rasguen tus lienzos


de cera y escarcha...!!


Manda al olvido desandar su viaje


perdido en el tiempo,


y rescata la memoria


del exilio y del tormento,


pintando su tierra


libre en el espejo...!!


................................


Descalza tus pies


entre las piedras y el barro,


siente la semilla que fermenta,


la raiz que empuja


hacia arriba el tallo


y desnuda,


transforma tu dolor...!!


Deja que el sol y la lluvia


vistan tus senderos,


tus espejos áridos,


que van escalando unidos


la mente y el corazón.


.....................................


Y mira, mira la imagen,


que el agua refleja...


Son ojos líquidos entre ondas,


se mueven, se alejan


y se acercan...!


Son latidos de color,


que gritan...!!


Son ecos, ecos


buscando la palabra


y el pecho que repita,


donde resuene mágica


la dimensión de LA VIDA,


DE LA VIDA...!!


Recitado por Jorge del Nozal: http://duendepoeta.blogspot.com/





Narciss Kocherezhko

Danza al mar. Arnold Fanck. 1926. El mar y la mujer

Con esta introducción "Danza al mar" comienza la película de Arnold Fanch "La montaña sagrada", del año 1926.
En ella se define poéticamente el personaje femenino: como el agua es cambiante, vigorosa, libre, apasionada, misteriosa y fuerte. Mar y mujer serán una misma cosa, a la vez que roca y hombre.

La fotografía es sorprendente, así como la música, que marca el pulso, tremendamente vital, de esta pequeña joya del cine.

Leni Riefenstahl, directora de cine y notable pionera de este arte, es aquí la actriz y bailarina.



(Las palabras finales dicen:
"Así, Diotima danza... danza para saciar su anhelo de él, al cual ha visto sólo en sueños, en la cima de una montaña".)


Claros del bosque. María Zambrano


Pinturas: Thomas Moran



CLAROS DEL BOSQUE

No me respondes, hermana. He venido ahora a buscarte. Ahora, no tardarás ya mucho en salir de aquí. Porque aquí no puedes quedarte. Esto no es tu casa, es sólo la tumba donde te han arropado viva. Y viva no puedes seguir aquí; vendrás ya libre, mírame, mírame, a esta vida en la que yo estoy. Y ahora sí, en una tierra nunca vista por nadie, fundaremos la ciudad de los hermanos, la ciudad nueva, donde no habrá ni hijos ni padres. Y los hermanos vendrán a reunirse con nosotros. Nos olvidaremos allí de esta tierra donde siempre hay alguien que manda desde antes, sin saber. Allí acabaremos de nacer, nos dejarán nacer del todo. Yo siempre supe de esa tierra. No la soñé, estuve en ella, moraba en ella contigo, cuando se creía ése que yo estaba pensando.
En ella no hay sacrificio, y el amor, hermano, no está cercado por la muerte.
Allí el amor no hay que hacerlo, porque se vive en él. No hay más que amor.
Nadie nace allí, es verdad, como aquí de este modo. Allí van los ya nacidos, los salvados del nacimiento y de la muerte. Y ni siquiera hay un Sol; la claridad es perenne. Y las plantas están despiertas, no en su sueño como están aquí; se siente lo que sienten. Y uno piensa, sin darse cuenta, sin ir de una cosa a otra, de un pensamiento a otro. Todo pasa dentro de un corazón sin tinieblas. Hay claridad porque ninguna luz deslumbra ni acuchilla, como aquí, como ahí fuera.


María Zambrano: "Los hermanos" en La tumba de Antígona





Madrid. Ed. Mondadori, 1989, pp 79-80

Fuente: http://amediavoz.com/zambrano.htm#CLAROS DEL BOSQUE