En la era... Vicente Aleixandre


Hubo un tiempo en que me dediqué a comprar, restaurar y vender objetos del campo, tradicionales y antiguos, para los coleccionistas de esas herramientas ya perdidas. Había en aquellos objetos un gran misterio, pues criada en la ciudad, vivía ajena por completo a lo que fue el mundo rural de millones de seres del pasado, creadores, en parte, de mi propia sangre y conciencia; la misma que ahora contempla el sol, fogoso como un trigal que estalla en fruto; la misma que acaricia el pan, admira al recio y sano mulo... y "suda soles" con su frente, no sobre una era, pero sí sobre un teclado. Aquellos aromas a relinchos, esfuerzo, campo, tierra y espiga me llaman, me sorprenden y admiran, desde aquel pasado que revive intenso cuando simplemente miro un trillo.

En este vídeo podéis comprender cómo era el proceso de la trilla (separación del trigo de la paja). Y de ese modo, cuando leáis el soberbio poema de Aleixandre, llegaréis a la misma esencia de aquel  mundo, sublimada en ese sufrido niño que "cabalga sobre un mar domado".

Feliz paseo por el pasado.


 


EN LA ERA. Vicente Aleixandre

 
El chicuelo ha salido. Durmió, durmió en la era.
Su rizosa cabeza descansó entre la paja: en lo rubio lo oscuro.
Como un fruto nativo, que delicado cubre
esa masa amarilla, casi volante, y quieta...
Allí suelto ese cuerpo como un don, reposado,
allegado a la noche, bajo las altas lumbres.
Polvo, tamo* de estrellas, con el bieldo* arrojado
y allí aéreo aún, brillante.
El chiquillo dormita, duerme fuerte: es aún joven.
Más que joven: un niño. Lisa su cara, breve
su corpezuelo suelto, desnudo el pie, y la pana,
corta, cubriendo apenas la infantil pierna extensa.
Se levantó temprano, salió: el sol aún oculto.
Allá abajo las bestias. Él con su vara: ¡Hala!
Signo verde en el aire. Y el carro, una mies viva.
Más allá los rodales. El niño trilla: engancha.
Bate la vara: ¡Hala! Como en nieve amarilla.
Allí los cuarzos rompen las espigas cargadas.
Crujen los tallos, quiébranse y heridor suena el trillo,
la tabla que navega sobre ese mar domado,
sufrido. El niño, coronante, bracea.
Los mulos casi ardidos en corceles se apuran,
rojo el sol quema, y arde ese cabello y suda
ese pecho y empapa la tela rota, y ronco
sale el grito: "Lucero! ¡Leal!" Y el tronco vuela.

La jornada no acaba. El niño fue ese infante
casi mítico, casi sobre un mar dominado,
con tritones y concha: un Neptuno, y las olas.
La mañana era joven. Largo el día. El sol fuerte.
Y a la noche era un niño, solo un niño cansado,
estrujado. Y dormía.
Y la espuma -la paja triturada, ahora obrada-
recogía esa masa. Las estrellas, arriba.

V. Aleixandre
De "Un vasto dominio".


*Tamo: Polvo o paja muy menuda que queda en las eras después de trillar las semillas.
*Bieldo: Apero de labranza compuesto por un mango largo de madera con un palo centrado en perpendicular en uno de sus extremos del que salen tres o cuatro puntas paralelas en forma de dientes; se emplea para aventar y mover la paja o el cereal cortado.


                                        Trillo y detalledel mismo

5 comentarios:

Mª Jesús Muñoz dijo...

Nos dejas un bello homenaje a esas labores antiguas, que aún permanecen en la memoria de todos los que hemos vivido cerca del campo y los labradores...La trilla se guarda en museos y casas de labranza como un tesoro. La era duerme, recordando en el tiempo el olor a paja, el calor y el coraje de unos y otros hasta guardar el trigo limpio en los sacos...(Lo he vivido de cerca y lo he sentido)
El poema de Aleixandre hace honor a ese hombre joven que lucha con la parva, domándola como al mar bravío...Su cansancio, su entrega y su grandeza de espíritu.
Mi gratitud y mi abrazo inmenso por este post, que nos muestra tu valoración y cariño a estas labores campesinas.
M.Jesús

Milena dijo...

Aprendo siempre con tus entradas. Aunque ahora vivo en un entorno campestre, nací y me crié en ciudad. Había visto las trillas de decoración en las casas -como mesas o en la pared- pero nunca como se habían utilizado exactamente.
El poema de Aleixandre también me ha gustado mucho, mil gracias.

Un abrazo grande

Volarela dijo...

Gracias, compañeras. Es muy bonito conocer estas cosas; crecemos cuando conocemos nuestro pasado, pues eso nos hace compreder mejor nuestro presente.


Un fuerte abrazo :)

Franziska dijo...

Ha sido gracias al vídeo que he presenciado el proceso, la auténtica labor artesana, todo el trabajo penosa que era necesario llevar a cabo para poner punto final a la cosecha. Después de tantos siglos, la tecnología desarrollada por los hombres permite que ese trabajo sobre el que se acumulaba la sabiduría y el buen hacer de los siglos, haya quedado como algo más que nunca volverá pero si que forma parte del patrimonio humano.

Tampoco conocía el poema, así que en este momento te adeudo dos de mis nuevos saberes, gracias, querida Volarela porque tu sensibilidad lo ha hecho posible. Tengo una admiración sin límites, llega al extremo de que me emociono y mis ojos se llenan de lágrimas, cuando me encuentro ante las herramientas que se han ido inventando para realizar las tareas del campo. Algo muy hondo y muy sincero responde en mi interior.

Un abrazo. Franziska

Maite Sánchez Romero dijo...

Sí que es hondo lo que sientes, Franziska; algo despierta en tu sangre... Me alegra un montón que hayas gozado este post.

Un fuerte abrazo :)