Cuadros que emocionan: "La chica ciega" de Millais

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Millais-Blind Girl


"The blind girl". John Everett Millais http://es.wikipedia.org/wiki/John_Everett_Millais


Hay cuadros que emocionan. Particularmente éste, a mí, me emociona. Su poesía es tan grande que es imposible verlo sin notar cómo te traspasa todo el sentimiento que lleva consigo. El color en gamas cálidas y los personajes, especialmente el rostro de la mujer sobre la cabeza de la niña, concentran toda la atención, haciendo esta pintura fascinante.

El doble arco iris sorprende a la niña, y se lo trasmite a su hermana o amiga, tan solo con un gesto: el de las manos unidas, apretadas en una bella complicidad.

Las aves, los campos amarillos, el acordeón sobre la falda, ahora callado, la lírica luz dorada del atardecer tras la tormenta.... y toda esa placidez y ese silencio detenido nos cuentan una historia real, fotográfica casi, pero que a la vez posee un halo onírico de extraña belleza.

La hermosura de este cuadro, para mí,  reside tanto en ese misterio como en la calma reflejada en toda la escena. Es el momento en que dos seres olvidan su condición externa y comparten y se entregan a la magia del instante; un instante único que les pertenece.


Más sobre este pintor:
https://es.wikipedia.org/wiki/John_Everett_Millais
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Música de Richard Clayderman interpretada por George Davison

Georgia O'Keeffe. Detenerse a mirar















 


"Rellenar el espacio de modo hermoso. Eso es lo que el arte significa para mí".
Georgia O'Keeffe


Y nadie como ella ha sabido rellenarlo mejor. Sus cuadros reflejan un dominio del espacio total. Las formas lo llenan, pero no lo abruman. Simplemente le dan consistencia al espacio, lo colman de color, de densas sombras o luces puras: materia que de tan cercana se transforma en idea, sugerencia, poesía...

La plasticidad de las formas son las protagonistas en estos cuadros. Flores, o abstracciones de flores, parece que cada imagen esté hecha de carne, barro o cera. Es tangible, está moldeada con los dedos; tiene siempre una calidez casi de artesanía.


El color asombra. Simplemente es tan absolutamente personal que asombra, maravilla. Desde los más fuertes contrastes, casi violentos, hasta las más sutiles gradaciones de porcelana. Y todo distribuido con absoluto equilibrio. El uso del negro, personalmente, me resulta muy elegante, siempre aplicado en la medida justa para resaltar los demás colores.

Las flores le deben a O'Keeffe el haberles leído el corazón. Un corazón indescifrable y misterioso, pero abierto. Abierto para la mirada de todos. Pliegues, texturas, ritmos ocultos y replegados, estambres o pistilos ensalzados por el ojo de la artista, que ha apartado los pétalos para mirarlos en detalle, amorosamente, y dedicarles un poema visual.

Cuando estas flores se diluyen en la estructura básica de sus formas; cuando la pintora amplía aún más su visión, entonces se abren las puertas a lo desconocido. La abstracción en estas pinturas se hace mística, profundamente misteriosa y densa. Penetramos un mundo interno similar a una cueva de reposo y silencio que contuviera cientos de puertas o velos para ir descorriendo, para ir conociendo.

"No hay nada tan poco real como el realismo. Sólo cuando se elige, se dejan cosas de lado y se fijan los puntos básicos, se tropieza uno con el significado verdadero de las cosas". O'Keeffe

Eso es lo que hace ella una y otra vez. Apartar lo innecesario, lo superfluo, para dar con la esencia. Busca el elemento primario mediante su intuición. Navega entre el vacío y el todo. Sus cuadros plasman estos dos conceptos. Y aún más, miran a través de ellos.
El todo porque la unidad de cada pintura es máxima. Nada está desarraigado. Todo está fusionado, cohesionado como si fuera indivisible.

El vacío, majestuosamente quieto, se encuentra en las formas puras y blancas de muchas de sus flores. Sencillas, directas: belleza sin más. Pero que en su recato hablan de su propia perfección; cantan suavemente el lado más cándido de la armonía. 

También asombra el vacío que supo plasmar en sus cuadros de huesos, recogidos en el desierto en el que vivió. Se desprende un verdadero amor por aquellos vestigios recalentados al sol. Vemos emanarse la elemental blancura de la soledad; la digna belleza de los huesos expuestos a la intemperie, como si nada les importara la muerte... Al fin y al cabo, la muerte es un concepto humano y saturado de emociones, pero la autora busca la realidad más allá de esta subjetividad, mostrando el lado imparcial de la existencia, de la belleza en sí misma, de la idea libre y exploradora. Por eso sus cuadros siempre son potentes, atrevidos, novedosos.








Hay que imaginarse lo que deben de impactar estos cuadros vistos al natural, pues solía hacerlos de gran tamaño.

“Una flor es relativamente pequeña. Todo el mundo tiene muchas asociaciones con una flor, con la idea de flores…Sin embargo, en cierto modo nadie ve de veras una flor. Es tan pequeña. No tenemos tiempo y ver requiere tiempo al igual que tener un amigo requiere tiempo. Si yo pudiera pintar la flor exactamente como la veo no la vería nadie ya que la pintaría pequeña como pequeña es la flor. Así que me dije: pintaré lo que veo, lo que la flor es para mí, pero la pintaré grande y ellos se sorprenderán al tener que tomarse tiempo para mirarla; haré que incluso los atareados neoyorquinos gasten tiempo en ver lo que yo veo en las flores.” 

O'Keeffe

 

 
 
Detenerse a mirar las cosas, a llenarse de lo observado tomándonos tiempo, es lo que O'Keeffe enseña.
Tiempo para solazarse en la perfección de los seres, admirarse de la  profundidad que contienen y aprender, infinitamente aprender de ellos, como las partes del gran puzzle cósmico que son.




 









Biografía de Georgia O'Keeffe (Sun Prairie, 1887 - San Vicente de Santa Fe, 1986) : http://www.biografiasyvidas.com/biografia/o/o_keeffe.htm


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No os perdáis el precioso post que nuestra compañera Adriana Alba le dedica a esta gran pintora:
http://descubriendonuestrointerior.blogspot.com.es/2012/06/taos.html?showComment=1453790874162#c7351285185800901128


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