Vencejos



Dibujo: Volarela


Cuando venís cada año al marco de mi cielo, dejáis caer en mi vida la flor inmortal de la primavera, venida de lejanas eras, flotando, rosa, pujante y libre. Cuando oigo en la distancia vuestros gritos traspasados de luz, mi sonrisa quiere escapar y acariciar vuestro entusiasmo, allá en lo alto de la vida.
Las reposadas palomas despiertan preguntándose qué prisa es esa que va chillando por el aire, y algún niño pensativo, tras la ventana, persigue con el dedo vuestro negro serpenteo. ¡Caen vuestras esbeltas sombras como música triunfal sobre las grises calles!
Vencejos, amigos, hermanos: la vida siempre es una fiesta entre vosotros. ¡Qué fantástico sería poder unirme a vuestro vuelo, sentir ondas de vértigo y júbilo recorriendo mi cuerpo! ¡Oh, sí! Tocar desde lo alto, desde lo más alto, la respiración quebrada de las nubes; seguir volando o corriendo, o bailando o soñando, o tremolando... con las plumas abiertas, abrazando el abismo... Ágil, vibrante y sonora, gritaría: Sííííí... Sííííí... Sííííí... hasta el estremecimiento del alba. Y tampoco yo pisaría el suelo; me haría transparente y aérea, como vosotros.
Mas aquí, con mis raíces en la tierra, sólo puedo coger un instante de vuestra imparable alegría, amados vencejos, y llevármelo, para colmar de luminarias los rincones de mi alma.

(De "La naturaleza en el corazón")

***

Texto y dibujo: Maite Sánchez Romero (Volarela)


Quisiera...








Más allá de la niebla que envuelve al mundo existe el gozo.
Lo conocen las ondas del mar atravesando el infinito hasta llegar a mis pies.

El gozo de la flor es mi vestido perfumado bajo el quietísimo cielo. 
Trepo, como una hiedra por la vida, enzarzando, apasionada, mi corazón a las piedras, mientras alguien pronuncia mi nombre con voz del agua. 

El mundo refulge.
Destella el agua; destella el acentor sobre el agua; destella el cielo que sostiene el piar del acentor entre sus dedos azules… Y de ellos una nube inquieta brota...

Inclino mi frente como el girasol en la noche. Todo es belleza.
Las montañas lloran oro por su cima. Los niños gritan, y como la hierba, escriben su alegría en verde intenso.
jate: cuando vuela la paloma, siguen sus alas en el azul, aunque ella acabe de posarse. Porque existe un abrazo allá, hacia el que vamos.

En la pletórica noche cada estrella es una palabra divina. Giran, crecen, ríen, se aman... Las busco.

Quisiera alimentarme sólo del gozo de los astros. 



***

(De mi libro en proceso "Los ojos del arco iris")Dibujo y texto: Maite Sánchez Romero (Volarela)



Cántico



"Mi alma: toda la blancura."
Mª del Carmen Názer


Las espigas se están meciendo en el frío violeta de la meseta. Sus voces de oro cuentan cuentos como granos orondos. Las flautas de la luna las hacen dormir y el coyote las huele, como el que huele la caricia de una madre.

Una mujer está cosiendo recuerdos en el brillo de una charca; moja sus pies allí hasta que los grillos ven caer sus lágrimas de jade. Las ranas croan, dejando calmadas burbujas en su alma.
Ella es ahora un silencio en el ala de la noche.

Amanece con las manos mojadas por la candidez de la aurora; y los ojos se le vuelven alondras...
Cara al cielo intenso, da las gracias en un trémulo canto, tan dulce y vibrante que los árboles a su alrededor ensanchan su sombra y se unen a ella en un coro de clorofilas.
El río comienza a reír en un fino fluir de mieles; un vencejo raspa el aire con euforia y los sauces sacuden sus cascadas de verdor.... La cigarra despierta y dispersa una maraca de olas amarillas...
La sinfonía crece y crece en el corazón del paisaje, que alza su voz de hierba salvaje y mística. Sobre ella, un grupo de caballos cabalga como arpas de luz...

La mujer detiene su canto.
El viento se arremolina a su alrededor, y deja un beso de semillas en sus manos.
Cierra los ojos y vuelve a cantar, mientras cada nota se trenza al infinito.

*


Para mi dulce amiga Mª Carmen.


Prosa poética y foto: Maite Sánchez Romero (Volarela)