Tempestad (fantasía impromptu)




 Es verdad que me descubristeis caminando sobre el mar… Yo os contaré el por qué.

 Aquella tarde, el mar era un animal herido. Sufría toda su sangre de sal. Desde el mástil al cúal estaba atada, (mi pódium de la gloria) podía contemplarlo. Yo estaba recibiendo latigazos de agua que insistían broncamente en echarme de allí. Pero me reía como una loca. Nunca fui tan feliz. Subía y bajaba sobre el lomo de mi indómito corcel de mar. A veces, un torbellino de angustia trepaba por mi columna: 
era dolorosa tanta libertad... ¡Si supierais cómo cantaba desde allá arriba, con mis pulmones excitados y hambrientos! Si me hubierais oído nos os parecería un ser humano.  Habríais creído que era el mismo salvaje trueno cabalgando sobre su rayo.

 Y el mar conocía mi gozo; y aún batía más fuerte sus olas contra mí. Sentía que me amaba, y sufría y gozaba conmigo. No me hubiera importado morir. Ser agua en el agua. Allí, entre esos brazos fieros y verdes, densos, orgullosos, impetuosos, generosos... que parecían  exclamar, sollozar... ¡Ven a mí!

 Acompañada por inquietos rayos de sol, en lucha con la oscuridad torva de las nubes, todos los matices del gris, del violeta, del verde, del azul, se desplegaban ante mis ojos. Y todos los colores se hacían movimiento... Más vivos que la vida.  También mi corazón latía en remolinos, en fuga hacia las nubes. Notaba que era una con el destino, me deslizaba por su garganta azul gimiendo de belleza.

 La  majestuosa tormenta empapaba con frenesí una y otra vez mi cuerpo; extraía mis sentimientos más ocultos. Yo era una ostra, y estaba siendo abierta... por los dedos de lo eterno.

 Después, sentí cómo una luz húmeda, maternal, me atravesaba y lavaba completamente mi vida.  
 Cristalina, sola, vital, nueva me quedé. La tormenta cesó por completo. La lluvia volvió a  dormitar sobre el regazo solemne del mar. Todo era silencio:
 Una mujer, un cielo absoluto, un instante inmaculado que aleteaba como una libélula feliz...
 Un silencio primario, venido de los labios secretos del universo se acercaba, llegaba, moraba... consciente de que todo le pertenecía ahora. Yo era suya y me entregué. Como los peces, el mar, el barco, el aire, las nubes... Todos nos inclinamos y callamos. Y nada podía moverse sin ser bendecido por aquella calma… 
Todo era perfecto. El agua del mar se tiño de un naranja dorado. El cielo se vertía como una catarata de colores carmesíes. Las nubes eran aves gigantescas con las alas abiertas, extasiadas en amarillo, plenas... Y desfilaban con su armonía rotunda sobre mi cabeza... 

 Y la voz del mar, con sus gotas tan serenas como un grupo de gatos lamiéndose, puso en marcha de nuevo mis células. Y me dijo:

 "Ahora camina sobre mí."

Y caminé.


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Relato poético: Maite Sánchez Romero (Volarela)







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Os invito a pasar por el precioso y sincero blog de Molí del Canyer y leer otros textos inspirados en la Tempestad: 

molidelcanyer.blogspot.com.

Amor divino



CUÁNTO TE HE AMADO


Sabes Dios cuánto te he amado
desde mi latido
balbuceado en el barro.
Cuánto amor ha estallado en mis dedos
al tocar la flor consciente de tu verbo
hecho color, suave vitalidad...
en la efímera gloria de un coro
de pétalos.

Cuánto te amé, te amo,
cuando doblo mis rodillas ante el océano...

Cuánto te ha esperado
mi jardín de místicas violetas.

Respiro
la sinfonía de átomos que has puesto
en mi camino.
Y mientras mi muerte me sople hacia adelante,
hacia tus huellas...
yo seguiré amándote,
siempre en remolinos puros
alrededor de tu beso inasible.

(Del libro "Estas flores son para ti")

***

Foto y poema: Volarela (Maite Sánchez Romero)



Flores en el río...





FLORES EN EL RÍO


Flores en el río dejan cintas rojas en las manos, nubes moribundas anhelando amarte.
Flores heladas en el río... y un viento de cobre muy solo tras las hojas secas.
Flores flotando ausentes, decoloradas, frágiles como tus párpados. Y tú...flotando con ellas, en un recuerdo de lilas diluidas.
A lo lejos, los lirios portan espejos de agua donde el cielo lee su canción misteriosa.
A lo lejos un eco... de campanas lejanas se deshace en el agua de tus ojos.

Tú y él en diferentes estrellas, atravesando las profundas plumas del tiempo.

Flores vertidas por tus labios al nombrarle... con su sombra de planeta herido rodeándote...
Flores en el río, viajando nostalgia arriba, ciñendo la cintura de la aurora hasta parir un sol sin luz sobre tus manos frías.

La corriente se lleva las flores hacia su trémulo corazón de vértigos...
Y tú buceas.
Sabes que, al otro lado del fondo... también él bucea.

*

Fotos y poema en prosa: Maite Sánchez Romero (Volarela)


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Mäs flores arrastradas por el río... en Palabras de Sindelhttp://palabrasdesindel.blogspot.com.es/


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